Soy de los tuyos - La comunidad de Don Bosco

Laura Vicuña

(fortaleza)

El padre de Laura, José Domingo Vicuña, era un militar de alto rango; falleció cuando la pequeña tenía dos años. Fue entonces cuando quedaron, en plena indigencia, Laurita, su hermana menor Julia y su mamá, Mercedes del Pino. Emigraron hacia Argentina y se instalaron en la localidad neuquina de San Martín de los Andes, en una hacienda de Quilquihue.

El propietario de la finca se llamaba Manuel Mora, un hombre definido popularmente como alguien “de carácter fuerte, que no admitía contradicciones y que hacía alarde de su poder y riqueza. Amigo de diversiones y fiestas, quien tenía consumo problemático de alcohol.”

Doña Mercedes, movida por su miseria, acepta vivir en unión libre con Manuel Mora, esto es, en concubinato, aunque en una relación que bien podría definirse como “esclavitud”, por los malos tratos a los que la mujer era sometida con frecuencia. Los mismos peones de la hacienda testimoniaron que el nivel de violencia llevó a Doña Mercedes a querer escapar en una ocasión.

“Cuando Manuel adivinó su intento se comportó de la peor manera posible: la ató a un cerco, la golpeó y la marcó a fuego como al ganado con la marca de su hacienda, todo esto frente a los peones a quienes les habría gritado -Vengan muchachos, vengan a ver la señalada de la vaquillona mayor- y la marcó “para que no se fuera orejana”.

En tanto, desde el año 1900 las hermanas habían quedado internadas en el colegio de las Hijas de María Auxiliadora de Junín de los Andes. El desempeño de Laura como estudiante era excelente, se destaca su capacidad para acatar las normas, el respeto a sus mayores y su solidaridad para con sus compañeras, que la admiraban profundamente. También las hermanas del colegio advertían y resaltaban su amor a Jesús y a María Auxiliadora.

Uno de los pasajes más conocidos y conmovedores de la historia de la pequeña sucedió en una clase de religión, en la que la profesora comenzó a decir que a Dios le disgustaba la condición de pecado que suponía la convivencia extramatrimonial. Al comprender Laura que su madre, a quien más amaba en el mundo, sufría esta situación diariamente, cayó desmayada de espanto. El episodio se repitió una vez más.

Las vacaciones de verano de ese año fueron, para Laura, una pesadilla. Manuel Mora advirtió que la niña iba creciendo, y la indiferencia que le manifestaba se transformó en un insólito interés hacia ella. Un día, aprovechando la ausencia de Doña Mercedes, intentó abusar de ella, inicialmente con palabras de dulzura que, ante el rechazo de la niña, cambió por gritos e insultos. En otra oportunidad, Mora insistió nuevamente con sus malos propósitos, pero Laurita lo esquivó nuevamente, con ayuda de Dios. Esta vez, su madre recibió los golpes y las represalias, por lo que pidió a Laura que fuese gentil con el hombre que intentaba violarla. Mercedes ignoraba esta situación, ya que su hija jamás le había dicho nada al respecto.

Viendo que el pecado y la violencia estaban tan cerca de su círculo más íntimo, Laura decidió ofrecer su vida a Dios. Este fue el trato que la niña confesó al Padre Crestanello: ella se entregaría a Dios para que su madre dejara de convivir con Mora. El sacerdote le advirtió: “Mira que eso es muy serio. Dios puede aceptar tu propuesta y te puede llegar la muerte muy pronto.”

Durante el invierno, una inundación afectó a todo el pueblo. Laurita ayudó a sacar de la escuela a las niñas más pequeñas, dejando sus piernas sumergidas en agua helada varias horas, y enfermó (...).

Para Don Bosco, aquellos que lo acompañaron fueron piedra fundamental en el origen de lo que hoy podemos denominar nuestro carisma. Que al repasar anécdotas, encuentros y opciones históricas de estos personajes podamos reconocer aquellos dones y valores que hoy siguen vivos en cada uno de los que formamos parte de esta familia. En definitiva, esos nombres que nos antecedieron como educadores/ras, como ex alumnos/as, como familia salesiana, intentarán ser herramientas para seguir profundizando dimensiones tan propias de nuestra esencia como la escucha, la alegría, el acompañamiento, el servicio, la amistad, el compromiso social, la espiritualidad, la ternura y el cuidado. Dejémonos llevar por las historias, disfrutemos un rato de las opciones de otros/as tantas que en tiempos de don Bosco descubrieron una manera de estar entre los pibes. Reconozcamos esos valores que dieron origen al Sistema Preventivo en muchos de los que hoy, como comunidad del Santa, intentamos mantenerlo vivo día a día.

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