Soy de los tuyos - La comunidad de Don Bosco

Mamá Margarita Occhiena

(fortaleza)

La joven miraba atentamente a Margarita, quien luego de amasar el pan, se saca el delantal, se sentó a su lado y comenzó su relato sobre la infancia de Juan.

— Todos mis hijos son muy buenos, pero comprendo que Juanito es especial. Ya desde pequeño era muy vivaracho, le gustaba jugar mucho, no sólo con sus hermanos, también con los chicos de las granjas vecinas, de los que encontraba en el camino regresando de la misa dominical. Es raro pero siempre elegía estar con ellos. Me decía: “Sabés mamá, cuando están conmigo son más buenos, me gusta escucharlos, me gusta ser su amigo…” “yo les enseño a rezar el rosario… o les comparto lo que se dijo en la homilía”.

Mamá Margarita levantándose de su silla, le muestra a la joven un pantalón limpio, remendado muchas veces:

— Si esta ropa pudiera hablar… Es increíble cómo inventaba juegos, narraba historias sorprendentes, a todos nos gustaba escucharlo. Y cuando llegaba con su pantalón otra vez roto, yo lo miraba con seriedad y mi buen Juan no hacía más que disculparse, enhebraba la aguja y se sentaba a mi lado mientras yo zurcía; sobre zurcido, claro. Entonces aprovechaba ese momento para decirle lo bueno que es Dios con nosotros, que todo lo que había en el campo y que él disfrutaba lo había creado Él, para nosotros, para nuestra felicidad, para que recordáramos su amor…

Margarita mirando a la joven a los ojos le dice:

— Dios, es un Padre Bueno, y mi Juan creció conociendo a este Dios. Todas los días le enseñaba a mis pequeños a saludar a María, la Madre de Jesús, a honrarla con los labios y con el corazón. Yo sé que Juan cuando tuvo que marcharse a la casa de los Moglia para trabajar, fue para mi hijo y para toda la familia un momento duro… Ella, María lo acompañaba y fue quien cuidó de él, de sus necesidades, de su soledad y desamparo…

Margarita y la joven se abrazan y en silencio la tarde va despidiéndose del regalo de la luz, mientras estas dos mujeres comprenden el gran regalo que encierra el secreto de cuidar, educar y acompañar.

 

Una vida ejemplar

Declarada Venerable (respetable) por el Papa Benedicto XVI en el año 2006, la madre del fundador de los Salesianos fue, sin saberlo, la primera cooperadora de la obra educativa de los Salesianos, que reconocen que la Congregación nació por su acompañamiento y sus aportaciones al Sistema Preventivo.

Margarita Occhiena nació el 1 de abril de 1788 en Caprigli, en el norte de Italia. Cuando llevaba cinco años casada, enviudó, con tan sólo 29 años, tuvo que sacar adelante a su familia en medio de la hambruna que asolaba Europa. Cuidó de la madre de su marido y de su hijo Antonio, a la vez que educaba a sus propios hijos, José y Juan Bosco.

Fue una mujer fuerte, con las ideas claras y la fe inquebrantable. De estilo de vida sencillo, sin estudios, siempre se preocupó de la educación cristiana de sus hijos, de temperamentos muy diferentes con humildad y siendo razonable con ellos, aunque más de una vez se vio obligada a tomar decisiones extremas, como tener que mandar fuera de casa a Juanito Bosco para preservar la paz en casa y ofrecerle la posibilidad de estudiar.

Acompañó a Don Bosco en su camino hacia el sacerdocio y a sus 58 años abandonó la tranquilidad de su casa, en su pueblo, para seguirle en su misión entre los muchachos pobres y abandonados de Turín. Durante diez años, madre e hijo unieron sus vidas con los inicios de la Congregación Salesiana.

Ella fue la primera y principal cooperadora de Don Bosco y, con su amabilidad hecha vida, aportó su presencia maternal al Sistema Preventivo. Fue así como, sin saberlo, llegó a ser la cofundadora de la Familia Salesiana, capaz de formar a tantos santos, entre los que se encuentran Domingo Savio y Miguel Rúa.

Murió en Turín a los 68 años de edad, un 25 de noviembre de 1856 y una multitud de muchachos lloró por ella como por una madre, acompañando sus restos al cementerio.

Por Mariana Benegas, fma
Publicado originalmente en el Boletín Salesiano de Argentina

Para Don Bosco, aquellos que lo acompañaron fueron piedra fundamental en el origen de lo que hoy podemos denominar nuestro carisma. Que al repasar anécdotas, encuentros y opciones históricas de estos personajes podamos reconocer aquellos dones y valores que hoy siguen vivos en cada uno de los que formamos parte de esta familia. En definitiva, esos nombres que nos antecedieron como educadores/ras, como ex alumnos/as, como familia salesiana, intentarán ser herramientas para seguir profundizando dimensiones tan propias de nuestra esencia como la escucha, la alegría, el acompañamiento, el servicio, la amistad, el compromiso social, la espiritualidad, la ternura y el cuidado. Dejémonos llevar por las historias, disfrutemos un rato de las opciones de otros/as tantas que en tiempos de don Bosco descubrieron una manera de estar entre los pibes. Reconozcamos esos valores que dieron origen al Sistema Preventivo en muchos de los que hoy, como comunidad del Santa, intentamos mantenerlo vivo día a día.

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