Soy de los tuyos - La comunidad de Don Bosco

Francisco Pinardi

(Generosidad)

Compra de la Casa Pinardi y la Casa Bellezza - año 1850

El año 1849, pese a nuestro esfuerzo y a grandes sacrificios, fue duro y estéril, pero preparó un año mejor, el 1850, menos borrascoso y mucho más fecundo en resultados. Comencemos por la casa Pinardi. Porque, efectivamente, quienes habían sido desalojados para alquilarnos algunos locales de la casa no nos dejaban vivir en paz. Andaban diciendo, furibundos, que era inconcebible que hubiera ido a parar en manos de un cura intolerante una casa que les había servido de recreación y diversión. Ofrecieron a Pinardi darle el doble del alquiler que pagábamos. Sin embargo él en conciencia, no se sentía en condición de seguir sacando de aquella casa mayor provecho económico a costa de negocios inmorales, así que me propuso varias veces se la comprara. Pero el precio era exorbitante: pedía 80.000 francos por un inmueble cuyo valor no llegaba ni a la tercera parte. Sin embargo, Dios quiso mostrarnos que Él es el dueño de los corazones. Fue de este modo: un día festivo predicaba el teólogo Borel, yo estaba en la puerta del patio impidiendo aglomeraciones y disturbios.

Precisamente en ésas llega el señor Pinardi y me dice sin más:

- Bueno, ya es hora de que don Bosco me compre la casa.

- Y ya es hora de que el sr. Pinardi me la ofrezca a un buen precio. Si es así, se la compro enseguida.

- Ciertamente. A un buen precio.

- ¿Cuánto vale?

- Lo que ya le he dicho.

- ¿Puedo hacerle una oferta?

- Hágala.

- Es inútil.

- ¿Por qué?

- Porque su precio es exagerado. Mi propuesta lo va a ofender.

- Ofrezca lo que quiera.

- ¿Me la dará usted por lo que realmente vale?

- ¡Palabra de honor!

- Choque la mano y se lo digo.

- ¿Cuánto?

- La hice valorar por alguien que es amigo suyo y mío y me asegura que, en el estado actual, se pueden pagar de veintiséis a veintiocho mil francos. Pero yo, para acabar de una vez con esto, le doy treinta mil.

- ¿Y le regalará también un alfiler de quinientos francos a mi pareja?

- Se lo regalaré.

- Y ¿paga al contado?

- Al contado.

- ¿Cuándo hacemos la escritura?

- Cuando le parezca.

- De mañana en quince y pagando al contado.

- De acuerdo.

- ¡Cien mil francos de multa al que se eche atrás!

- ¡Bien!

El negocio se cerró en cinco minutos. Pero ¿cómo conseguirme, en tan escaso tiempo, el dinero? Comenzó entonces a manifestarse bellamente la Divina Providencia. Aquella misma noche, cosa que era insólita en Don Cafasso, me viene a ver, aún siendo día festivo, para comunicarme que una muy buena señora, la condesa Casazza-Riccardi, le había encargado me entregara una limosna de diez mil francos para que yo la empleara en lo que mejor me pareciese según la mayor gloria de Dios. Al día siguiente un religioso rosminiano que venía a Turín me visitó para consultarme acerca de veinte mil francos que deseaba poner a rédito. Le propuse que me los diera en préstamo para completar la suma que debía dar a Pinardi. Así se obtuvo lo necesario. Los tres mil francos de gastos complementarios los aportó el caballero Cotta, en cuyo banco se firmó la deseada escritura.

Asegurada así la adquisición del edificio luego se pensó en "La Jardinera". Era ésta una taberna en donde había junta de amigotes los domingos. Todo el día se escuchaban organillos, flautines, clarinetes, guitarras, violines, bajos, contrabajos y cantos de todo género. A veces, cuando daban conciertos, todo sonaba a la vez. Como no nos separa de la casa Bellezza sino el muro del patio, muchas veces nuestros cantos se ahogaban entre los gritos, el alboroto y el ruido de botellas de "La Jardinera". Otra molestia era el continuo ir y venir de la gente de la Casa Pinardi a la taberna. Son incomodidades que no se pueden imaginar fácilmente. Luego había que tener en cuenta los peligros que podían presentarse para nuestros muchachos. 

Para aliviarnos de tan graves inconvenientes intenté, inútilmente, comprar la propiedad. Entonces quise alquilarla, en lo que estuvo de acuerdo la dueña; pero la que administraba el negocio exigía una indemnización excesiva. Para llegar a un acuerdo propuse tomar en arriendo toda la hostería y la compra de los muebles de las habitaciones, de las mesas y de la dotación de la cocina, etc. Sólo de esta manera, y pagando un precio bien alto, pude disponer libremente de todo el local y darle la destinación que necesitábamos. De esta suerte se dispersaba ese foco de perversión que teníamos todavía en Valdocco, al lado de la Casa Pinardi.

Para Don Bosco, aquellos que lo acompañaron fueron piedra fundamental en el origen de lo que hoy podemos denominar nuestro carisma. Que al repasar anécdotas, encuentros y opciones históricas de estos personajes podamos reconocer aquellos dones y valores que hoy siguen vivos en cada uno de los que formamos parte de esta familia. En definitiva, esos nombres que nos antecedieron como educadores/ras, como ex alumnos/as, como familia salesiana, intentarán ser herramientas para seguir profundizando dimensiones tan propias de nuestra esencia como la escucha, la alegría, el acompañamiento, el servicio, la amistad, el compromiso social, la espiritualidad, la ternura y el cuidado. Dejémonos llevar por las historias, disfrutemos un rato de las opciones de otros/as tantas que en tiempos de don Bosco descubrieron una manera de estar entre los pibes. Reconozcamos esos valores que dieron origen al Sistema Preventivo en muchos de los que hoy, como comunidad del Santa, intentamos mantenerlo vivo día a día.

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