Soy de los tuyos - La comunidad de Don Bosco

Bartolomé Garelli

(encuentro)

“Esta sociedad comenzó siendo una simple catequesis”, afirmaba Don Bosco al hablar de los salesianos. Esto nos lleva a nuestros orígenes y a nuestras raíces. El Oratorio —es decir, toda casa salesiana— es ante todo un espacio evangelizador que acerca y propone, a todos los chicos y chicas que se acerquen, el encuentro con Jesús. Toda casa salesiana es ante todo un espacio que acerca y propone el encuentro con Jesús.

Justamente, Don Bosco afirma que la piedra angular del Oratorio es la experiencia de evangelización y catequesis tenida con Bartolomé Garelli. En una página “icónica” de las Memorias del Oratorio describe “el inicio del Oratorio” en el encuentro con un muchachito a quien podríamos definir como un chico “ni-ni”, porque no tenía familia, ni escuela, ni iglesia. 

3. Un incidente raro 

Desde el inicio de su permanencia en el Internado, Don Bosco se hizo amigo de algunos muchachos que comenzaron a seguirlo por todos lados, aunque él no tuviera ni siquiera un lugar donde reunirlos ni una idea clara de lo que habría hecho después con ellos. Como de costumbre, el Señor obra a través de coincidencias.

 Don Bosco cuenta que este encuentro en el mes de diciembre, y lo marca como el momento en que comenzó a ver el comienzo de su camino. 

En síntesis, dice Don Bosco que…

“El día de la Virgen estaba revistiéndome para celebrar la misa, cuando el sacristán pidió a un joven que ayudara en misa, a lo que el joven se negó, diciendo que no sabía qué era lo que tenía que hacer.

El sacristán se puso furioso:

 – Si no sabes ayudar en la misa, ¿para qué venís a la sacristía? 

Agarró la caña con la que prendía las velas y comenzó a golpear al muchacho, que salió corriendo. Al ver la escena, intervine: 

– Pero, ¿qué hacés? ¿Por qué le pegás a ese chico? ¿Qué hizo de malo? 

– ¡Viene a la sacristía y no sabe ni siquiera ayudar en misa!

 – ¿Y por esto hay que pegarle? Déjelo tranquilo, que es un amigo mío. Antes bien, llámelo en seguida. Necesito hablar con él.- El sacristán fue tras él a la carrera, lo alcanzó y lo trajo conmigo, y gentilmente le dije:

 – Hola, ¿ya oíste la misa? 

– No. 

– Ven a oírla. Después debo hablarte de una cosa que ciertamente te gustará.- Terminada la misa y la acción de gracias fuimos juntos a una capillita y yo con la sonrisa más alegre que tenía, le hablé y le dije: 

– Querido amigo, ¿cómo te llamás? 

– Bartolomé Garelli 

– ¿De dónde sos? 

– Del pueblo de Asti 

– ¿Qué oficio tenés? 

– Soy albañil 

– ¿Está vivo tu padre? 

– No, ya murió 

– ¿Vive tu mamá? 

– También ella murió 

– ¿Cuántos años tenés? 

– Dieciséis 

– ¿Sabés leer y escribir? 

– No ... – ¿Sabés cantar? 

– No ... 

– ¿Sabés silbar?- Aquí Bartolomé se rió. Era lo que yo estaba buscando. Comenzábamos a ser amigos. 

– ¿Tomaste la primera Comunión? 

– Todavía no 

– ¿Te has confesado? 

– Sí, cuando era más chico 

– Y, ¿vas a catequesis? 

– No me atrevo. Los chicos se ríen de mí. 

– Y si yo te enseñara catequesis ¿vendrías? 

– Sí, con mucho gusto 

– ¿En este lugar te parece? 

– Si, pero con tal que no me peguen...

 – Quédate tranquilo. Ahora que eres mi amigo nadie te hará daño ¿Cuándo querés que empecemos? 

– Cuando usted quiera.

– ¿Ahora mismo? 

– Si, con mucho gusto”. 

Don Bosco se arrodilló y rezó el Ave María. Sobre este hecho, cuarenta y cinco años más tarde dirá a sus salesianos: Todas las bendiciones llovidas del cielo son fruto de ese primer “Ave María” dicho con fervor e intención”. Terminado el Avemaría Don Bosco charló con Bartolomé sobre la catequesis y lo invitó a volver el siguiente domingo a otras catequesis pero trayendo algunos amigos más. 

La semana siguiente Bartolomé ya no estaba solo, había seguido el consejo de Don Bosco: “La próxima vez traé con vos a otro amigo”. Y así continuó el catecismo que, poco a poco, se transformó en el Oratorio. 

Para Don Bosco, aquellos que lo acompañaron fueron piedra fundamental en el origen de lo que hoy podemos denominar nuestro carisma. Que al repasar anécdotas, encuentros y opciones históricas de estos personajes podamos reconocer aquellos dones y valores que hoy siguen vivos en cada uno de los que formamos parte de esta familia. En definitiva, esos nombres que nos antecedieron como educadores/ras, como ex alumnos/as, como familia salesiana, intentarán ser herramientas para seguir profundizando dimensiones tan propias de nuestra esencia como la escucha, la alegría, el acompañamiento, el servicio, la amistad, el compromiso social, la espiritualidad, la ternura y el cuidado. Dejémonos llevar por las historias, disfrutemos un rato de las opciones de otros/as tantas que en tiempos de don Bosco descubrieron una manera de estar entre los pibes. Reconozcamos esos valores que dieron origen al Sistema Preventivo en muchos de los que hoy, como comunidad del Santa, intentamos mantenerlo vivo día a día.

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