Soy de los tuyos - La comunidad de Don Bosco

Domingo Savio

(Fe)

Hay una cierta resistencia generalizada a tomar en serio la santidad de un
adolescente. Como si la santidad fuera asunto de adultos. Tal vez nos
conformaríamos con catalogar a los niños y adolescentes como buenos o muy buenos. Pero, ¿santos? Pareciera una exageración.


En tiempos de Don Bosco este prejuicio era aún más fuerte. Las figuras
tradicionales de santidad estaban acaparadas por sacerdotes y monjas. Por
ejemplo, San Luis Gonzaga era el modelo de la santidad juvenil: un religioso
jesuita vestido de sotana negra.


La primera sorpresa la da Don Bosco. Estando en viaje por su tierra natal, le
presentan al niño Domingo Savio, que quiere estudiar en su Oratorio. Un
intercambio rápido de frases y una pequeña prueba de inteligencia permiten a Don Bosco intuir que ese niño de doce años promete mucho. Escribirá en la
biografía del futuro santo: “Pronto me di cuenta que en aquel jovencito había un corazón en todo conforme con el espíritu del Señor, y quedé muy maravillado al considerar cuánto le había ya enriquecido la divina gracia a pesar de su corta edad.”


La evaluación fue fulminante: Me parece que la tela es buena. El ojo certero del pastor de jóvenes intuye que con ese muchachito se puede llegar lejos.
Seis meses después de su ingreso al Oratorio de Valdocco, Domingo Savio queda impactado profundamente por un sermón de Don Bosco: Es fácil ser santo; Dios lo quiere, es fácil conseguirlo y hay un gran premio en el cielo para quienes lo logren.


Esa propuesta le cambió la vida. Por varios días anduvo tan concentrado que
parecía enfermo. Don Bosco, siempre atento, le pregunta si se siente mal. “Al
contrario, sufro un gran bienestar, - responde el muchacho-. Quiero
absolutamente y tengo absoluta necesidad de ser santo.”

Impresiona cómo Don Bosco cree en sus muchachos y les propone exigencias
altas de vida cristiana. Les ofrece un estilo de santidad juvenil en contraste con el estereotipo del que hablamos anteriormente.


A la insistencia de Domingo por una receta para ser santo, Don Bosco le propone una vía sencilla: constante y moderada alegría; siempre cumplir sus deberes de piedad y estudio y ser parte en la recreación con sus compañeros.
A Domingo le costó asimilar este novedoso proyecto de santidad. En su mente persistía el tipo de santidad austera, medio masoquista de aquel tiempo. Busca, abierta o secretamente, practicar duras penitencias. Don Bosco se lo prohíbe una y otra vez.


El ambiente del Oratorio era el adecuado caldo de cultivo para desarrollar la
santidad: mucha alegría y fiesta, una propuesta exigente de estudio, un clima
intenso de piedad juvenil. Era cuestión de dejarse llevar por el impulso del
Espíritu. Y la guía discreta, paternal y constante de Don Bosco, que lo animaba a crecer hasta lo más alto.


En los tres años que Domingo Savio vivió en el Oratorio el progreso en santidad fue tan notorio que lo captaban todos: compañeros, profesores, y hasta la misma madre de Don Bosco, Margarita, que ayudaba en el Oratorio: - Tú tienes muchos jóvenes buenos, pero ninguno supera el buen corazón y la belleza del alma de Domingo Savio.

Para Don Bosco, aquellos que lo acompañaron fueron piedra fundamental en el origen de lo que hoy podemos denominar nuestro carisma. Que al repasar anécdotas, encuentros y opciones históricas de estos personajes podamos reconocer aquellos dones y valores que hoy siguen vivos en cada uno de los que formamos parte de esta familia. En definitiva, esos nombres que nos antecedieron como educadores/ras, como ex alumnos/as, como familia salesiana, intentarán ser herramientas para seguir profundizando dimensiones tan propias de nuestra esencia como la escucha, la alegría, el acompañamiento, el servicio, la amistad, el compromiso social, la espiritualidad, la ternura y el cuidado. Dejémonos llevar por las historias, disfrutemos un rato de las opciones de otros/as tantas que en tiempos de don Bosco descubrieron una manera de estar entre los pibes. Reconozcamos esos valores que dieron origen al Sistema Preventivo en muchos de los que hoy, como comunidad del Santa, intentamos mantenerlo vivo día a día.

Domingo Savio (fe) - pdf